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日志


11月13日

Duane Michals’ “This Photograph is My Proof”


This Photograph is My Proof, 1974
© Duane Michals

This photograph is my proof. There was that afternoon, when things were still good between us, and she embraced me, and we were so happy. It did happen, she did love me. Look see for yourself!

 

http://www.ariadna-rc.com/numero26/critica08.htm

 

Duane Michals, Esta fotografía es mi prueba, 1975

(ESTA FOTOGRAFíA ES MI PRUEBA
Esta fotografía es mi prueba. Existió aquella tarde, cuando las cosas aún iban bien entre nosotros, y ella me abrazaba, y éramos tan felices. Ocurrió realmente, ella me amó, ¡Mira, ve por tí mismo! )


Duane Michals, consciente de que la fotografía no refleja la realidad, de que es un lenguaje como cualquier otro, decide llevarla a sus últimas consecuencias y convertirla en una rama de la literatura. Ayudado por la palabra, sitúa sus imágenes en el campo que le interesa: la contemplación de la condición humana.

La memoria es un mirador desde el presente del que es imposible escapar a un pasado al que nunca se puede regresar. No se recuerda el pasado tal como fue visto en su momento, se recuerda como se ve en el momento actual. En este sentido, se aleja continuamente hasta perderse para siempre.

El texto invoca a la fotografía como prueba. La imagen ha sido arrancada del flujo del tiempo y ha permanecido inalterada desde entonces. La mirada busca en la foto un apoyo para la memoria; en sus rincones anhela encontrar reflejado el amor. Pero la fotografía guarda silencio. Sólo ha conseguido conservar las apariencias; interrogada desde el presente, no puede resolver las dudas que le plantea la memoria. Este es el silencio más cruel de la fotografía.

 

© Juan Cires Martínez es profesor de matemáticas en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación de la UPM. Su tiempo libre lo dedica, entre otras cosas a la fotografía, al cine y el arte en general.

11月12日

¿Atentado? - Sergio Sarmiento

"La falta total de pruebas es señal inequívoca de que la conspiración está funcionando".

Anónimo
 
 
El problema es que para mí no es cuestión de dogma. No me interesa saber si tiene que haber sido un atentado porque el narco está retando al Estado mexicano o porque le habían puesto un precio a la cabeza de José Luis Santiago Vasconcelos. Tampoco me interesan las especulaciones sobre aquellos poderes oscuros que pudieron haberle mandado un mensaje al presidente de la República matando a su colaborador más cercano y amigo más querido. Tengo otra forma de ver las cosas y lo primero que necesito es conocer exactamente qué ocurrió.

¿Qué sabemos a ciencia cierta hasta ahora? Que el Learjet 45 (identificado equivocadamente como LJ 25 en la pantalla de radar de la torre de control del aeropuerto internacional de la Ciudad de México) no estalló en el aire durante su ruta de descenso. Que el piloto estuvo en contacto normalmente por radio con la torre de control durante la mayor parte del descenso y que su última comunicación fue cuando aceptó la instrucción de cambiar de frecuencia. Que el piloto no respondió después a una instrucción de reducir la velocidad. Que no lanzó tampoco una señal de alarma. Que un helicóptero pasó a unos 600 metros por debajo del Learjet y un avión comercial grande, un Boeing 767, iba delante de él. Que el Learjet se desplomó bruscamente en picada y no en barrena, esto es, en círculos, como habría ocurrido si se hubiera apagado un motor. Que no se encontraron rastros de explosivos en los escombros del avión.

La muerte de un secretario de Gobernación, y sobre todo de uno tan cercano al presidente de la República, es al parecer una oportunidad demasiado importante de lucro político como para simplemente dejarla pasar. Así ocurrió en el caso del homicidio de Luis Donaldo Colosio, cuyos enemigos se convirtieron súbitamente en sus supuestos aliados que exigían justicia por la conspiración que le había quitado la vida al político que en el último momento iba a apoyar su causa. Andrés Manuel López Obrador, quien acusó en varias ocasiones a Mouriño de corrupción, emitió un comunicado el propio 4 de noviembre, fecha de la muerte del funcionario y de José Luis Santiago Vasconcelos, que decía: "Por las características de las funciones que desempeñaban dichos servidores públicos, el gobierno legítimo de México demanda la más rigurosa investigación para el esclarecimiento de los hechos y el deslinde de las responsabilidades".

Ricardo Monreal, quien representa la posición de López Obrador en el Senado, señaló este viernes 7 de noviembre que cada vez que el secretario de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, habla, "nos confirma que no se trata de un accidente". Afirmó que todo indica que el caso de Mouriño seguirá el mismo camino que otros accidentes aéreos y crímenes políticos "nunca aclarados", como el de Luis Donaldo Colosio, el avionazo en que perdió la vida Carlos Madrazo hace casi cuatro décadas o la caída del helicóptero en que viajaba el ex secretario de Seguridad Pública Ramón Martín Huerta. Todo indica que las investigaciones de Calderón, dijo Monreal, se centrarán "en culpar al piloto de su impericia o de su falta de cuidado y de ser por ello responsable de la tragedia".

No es Monreal el único que sostiene una teoría de complot. Un panista de nivel medio se me acercó este fin de semana para asegurarme que la muerte de Mouriño era un crimen político como el de Colosio o el del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo. "Lo que pasa -me dice- es que ya no son atentados burdos como los de antes. Ahora son mucho más perfectos".

Lo más fácil del mundo sería aceptar, por supuesto, estas teorías de la conspiración. Son siempre más divertidas e interesantes, y ciertamente ayudarían a conseguirle más lectores a esta columna. Para los miembros de la oposición serían una confirmación de que el gobierno es tan débil que no puede proteger siquiera a sus más altos funcionarios. Al propio Presidente le convendría que la muerte de su amigo y cercano colaborador, quien fue sometido a ataques constantes por el PRD, haya sido producto de un atentado; esto le permitiría convertirlo en un mártir político. Pero por respeto a la memoria de quienes fallecieron es más importante que surja la verdad a que se satisfagan los deseos de los políticos.

El problema es que, por lo menos hasta ahora, la información disponible no sugiere la posibilidad de que la caída del avión haya sido producto de un atentado. Quizá haya más información que surja de las cajas negras que pueda satisfacer este deseo de tantos políticos y de mucha gente que piensa que toda muerte de un funcionario importante debe ser producto de una acción dolosa. De momento, sin embargo, honestamente no encuentro el atentado por ningún lado.
 
 
 

ALBERTO ESCOBAR
 
 
En mi columna del 6 de noviembre "Y conceder" sobre el discurso de concesión que ofreció John McCain ante el triunfo electoral de Barack Obama le atribuí la letra de la canción Y coincidir a Fernando Delgadillo, porque así lo señalaban varias fuentes. Varios lectores me han indicado que la canción es del jalisciense Alberto Escobar, lo cual me ha sido confirmado por la oficina de Delgadillo. Tomo nota así de que esa bella frase "Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir" es de Alberto Escobar. Gracias a los lectores que me lo señalaron.
 
 

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11月7日

Iván el afable - Sergio Sarmiento

"Fue un hombre de acción que acogió la política como el instrumento para hacer posible... las reformas que México necesita y que millones de mexicanos exigen".

Felipe Calderón

No voy a levantar la mano hoy, como tantos lo han hecho, para afirmar que tenía una cercana amistad con Juan Camilo Mouriño. Traté con este hombre, a quien sus amigos llamaban Iván, porque mi trabajo como periodista y el suyo como servidor público lo hacían indispensable para ambos. De él tuve siempre, sin embargo, un trato abierto y respetuoso. Nunca dejó de responder a una pregunta, nunca se ocultó cuando lo busqué. En todo caso fue un hombre afable, lo cual no es necesariamente común en un secretario de Gobernación.

¿Por qué digo que era abierto? Hace unos días tuve información de que el propio Juan Camilo había intervenido para lograr que la Procuraduría General de la República retirara la demanda de amparo en contra del IFAI que pedía la documentación recibida por la PGR de España sobre una supuesta investigación en contra de su padre, don Carlos Mouriño, por lavado de dinero. Juan Camilo entendió a la perfección que tratar de ocultar la documentación recibida de España, independientemente de las razones, no haría más que promover la especulación y los ataques en su contra, los cuales se habían hecho constantes desde que asumió la titularidad de la Secretaría de Gobernación. Germán Martínez Cázares, presidente nacional del PAN, me ha confirmado públicamente, en una entrevista de radio, que fue efectivamente Juan Camilo quien pidió a la PGR el retiro de esa demanda de amparo.

Mouriño enfrentó con entereza y apertura informativa la persecución en su contra que encabezaron los perredistas Andrés Manuel López Obrador y Gerardo Fernández Noroña. Que si era español -o más bien gallego, como decía con sorna Fernández Noroña- y no mexicano; que si su familia se había enriquecido con contratos de Pemex promovidos indebidamente por él desde los cargos públicos que ocupó; que si su padre había realizado operaciones de lavado de dinero. Todas estas acusaciones, que el presidente Felipe Calderón llamó ayer calumnias, resultaron al final infundadas, según la información que he podido ver.

Cuando se cuestionaba injustamente a Mouriño en los medios, él ofrecía su punto de vista, en mi experiencia, de manera impecable. En un artículo que publiqué el 5 de marzo de 2008 lo critiqué por no haber entendido las ventajas de la discreción y haber permitido que la revista Quién realizara un artículo que lo presentaba como el "chico superpoderoso". Escribí entonces: "Al parecer, el hombre que se ha convertido en el principal operador político del presidente Calderón no tuvo la sagacidad para comprender los daños que Marta y Vicente Fox se hicieron a sí mismos con la entrevista de Quién que hizo gala de su rancho". Mouriño simplemente me hizo llegar información que señalaba que el artículo había sido elaborado por la revista sin el apoyo del secretario.

Como jefe de la Oficina de la Presidencia Mouriño tuvo, a mi juicio, un papel excesivamente relevante. Al contrario de un José Córdoba o de un Luis Téllez que entendieron que parte de su valor en responsabilidades similares en Los Pinos era mantener un papel discreto, Mouriño era sentado en un lugar de honor, junto al Presidente, en todas las presentaciones públicas. Se le daba, de hecho, un puesto más importante que el de los secretarios de Gobernación, Defensa o Relaciones Exteriores. Era una mala señal, escribí en su momento, pero al final era el propio presidente Calderón quien tomaba la decisión de darle a Mouriño esa visibilidad, que no ha vuelto a tener ninguno de sus dos sucesores en el cargo.

La decisión de darle un papel equivalente al de un jefe de gabinete, por arriba del de cualquier secretario de Estado, nos revela la importancia que Mouriño tenía para el Presidente. No hay duda por lo tanto de que la muerte del funcionario ha sido para el Presidente una pérdida mucho mayor que la que implicaría la falta de un simple secretario de Gobernación. Independientemente de su cargo, Mouriño era el colaborador al que más confianza le tenía el Presidente... y quizá su amigo más cercano.

Fue una buena señal que una parte importante de la clase política, sin importar su afiliación partidaria, haya acudido al velatorio a rendir homenaje a Mouriño. La presencia de los perredistas Jesús Ortega y Carlos Navarrete fue importante; como también la del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, en el homenaje que ayer se rindió a los fallecidos en el Campo Marte.

No fui amigo de Mouriño, pero con el tiempo aprendí a respetar a este Iván que en lugar de terrible me parecía afable, un hombre que dejó la vida de lujo que le permitía el éxito empresarial de su padre para dedicarse al servicio público. Por el bien del país, espero que la clase política acepte la construcción de esos acuerdos que en vida trató de forjar Mouriño y que ayer subrayó el Presidente en su discurso de Campo Marte.
 

Nuevo secretario
 
 
¿Un aliado político o un amigo y colaborador de confianza? Ésa es la disyuntiva del presidente Calderón en este momento en que, a menos de dos años de gobierno, debe escoger a un tercer secretario de Gobernación. Francisco Ramírez Acuña fue un aliado, Juan Camilo un colaborador y amigo. Y el tercero será...
 

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11月6日

Y conceder - Sergio Sarmiento

"Tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio y coincidir".

Fernando Delgadillo
 
 
La fuerza de la democracia en cualquier país se mide por la responsabilidad de los miembros de la oposición. Esto lo pensé una vez más la noche del 4 de noviembre cuando escuché el "discurso de concesión" de John McCain.

El candidato republicano salió a hablar a sus simpatizantes en Phoenix, Arizona, poco después de que las encuestas de salida adelantaron los resultados de California, Oregon y el estado de Washington. Su discurso, pronunciado sin notas visibles, fue elegante y emotivo.

McCain dijo que acababa de llamar a Barack Obama para felicitarlo por haber sido "electo Presidente del país que los dos amamos". Habló de su rival: "Su éxito por sí solo genera mi reconocimiento por su habilidad y perseverancia. Pero el que lo haya logrado inspirando las esperanzas de millones que erróneamente pensaban que no tenían influencia en la elección del presidente estadounidense, es algo que admiro profundamente".

"Les pido a todos los estadounidenses que me apoyaron -continuó- no sólo que lo feliciten sino que le ofrezcan a nuestro nuevo Presidente su buena voluntad y esfuerzo honesto para zanjar nuestras diferencias y ayudar a restaurar nuestra prosperidad, a preservar nuestra seguridad en un mundo peligroso y a dejar a nuestros hijos y nietos un país mejor y más fuerte que el que nosotros heredamos".

Qué contraste de este reconocimiento con las acostumbradas protestas con las que concluyen los procesos electorales del país. Los políticos mexicanos nunca pierden una elección: son siempre víctimas de fraudes o de complots. De hecho, el único candidato en quedar en segundo lugar en una elección presidencial mexicana que ha reconocido públicamente su derrota fue Francisco Labastida del PRI en el 2000. Por eso se ha ganado mi respeto. En cambio Andrés Manuel López Obrador ha llevado el arte de la protesta postelectoral a un grado de perversa refinación al autonombrarse presidente legítimo de México.

Una de las razones más importantes de la pobreza de México ha sido la falta de una oposición leal dispuesta a jugar con reglas democráticas y a apoyar medidas que beneficien a la nación, a pesar de que al mejorar el nivel de vida de la gente puedan fortalecer políticamente al partido en el poder. Quizá hemos avanzado algo. En el siglo XIX y una parte del siglo XX las protestas electorales se convertían, con inquietante frecuencia, en rebeliones armadas. Hoy sólo vemos a líderes de la oposición que encabezan manifestaciones y que se niegan a colaborar en cualquier esfuerzo que pueda redituar en beneficio del país. De cualquier manera el costo es enorme.

Los comicios estadounidenses tuvieron muchos elementos de esos que hacen a nuestros políticos afirmar que han sido víctimas de una elección de Estado. Fue una campaña inequitativa, en la que el Partido Republicano de McCain utilizó fondos públicos, lo cual restringía su gasto, mientras que el Democrático de Obama recurría a aportaciones privadas que le permitieron gastar sin límites. Los dos candidatos contrataron tiempos de radio y televisión, cosa que en México está prohibido, aun cuando Obama tuvo muchos más spots al contar con más dinero. Además, Obama utilizó magistralmente el internet para multiplicar sus impactos propagandísticos y allegarse apoyos financieros.

Los anuncios negativos y verdades a medias, o incluso las abiertas mentiras, fueron constantes en la propaganda electoral. La mayoría de los medios tomaron partido por alguno de los candidatos. Una media docena de candidatos no fueron postulados por ningún partido, sin que por ello se les declarara ilegales, pero tampoco tuvieron tiempos de radio y televisión. Hubo irregularidades en muchos lugares donde se votó. Las campañas continuaron hasta el día de la votación y los medios declararon a los ganadores con encuestas de salida sin esperar a que concluyera el conteo de votos.

Ninguna de estas circunstancias hizo que McCain tratara de presentarse como víctima de una elección injusta o fraudulenta. El que haya sido el "candidato pobre" en un proceso inequitativo no le impidió ofrecer su reconocimiento al triunfo de Obama. De hecho, ni siquiera Al Gore en el 2000, quien tenía razones mucho más sólidas para protestar el resultado, dejó de ofrecer el discurso de concesión. Lo hizo "en aras de la unidad del pueblo y de la fortaleza de nuestra democracia".

El que los mexicanos tengamos un sistema electoral más restrictivo e inclinado a la censura, lleno de salvaguardas que sacrifican la libertad para supuestamente garantizar una mayor equidad, no ha hecho que la nuestra sea una mejor democracia. Tenemos en México, de hecho, una democracia sin demócratas. Y sin demócratas no es posible construir una democracia sana, independientemente de las reglas que pueda uno inventar.
 
 

Teorías de conspiración
 
No he encontrado hasta ahora ningún indicio que me permita suponer que la caída del avión de la Secretaría de Gobernación en que fallecieron, entre otros, Juan Camilo Mouriño y José Luis Santiago Vasconcelos haya sido un atentado. La mayoría de los mexicanos, sin embargo, parecen convencidos del complot. Somos una sociedad desconfiada y enamorada de las teorías de conspiración. Quizá es culpa de la censura que hemos sufrido durante tanto tiempo.

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Hora de publicación: 03:50 hrs.
11月3日

Juego de manos - Juan Villoro

Aunque se supone que la literatura pertenece a la esquiva zona del trabajo intelectual, sus practicantes suelen tener problemas con las manos. Los 80 años de Carlos Fuentes han dado motivo para recordar el dedo ejemplar con que teclea a velocidades inauditas y que se le torció como un aguijón (no en balde su signo zodiacal es Escorpión). Ese patriarcal dedo castigado resume las consecuencias manuales de un oficio que se supone especulativo.
Sabedor de lo difícil que es crear mundos moviendo los dedos, Antonio Lobo Antunes recomienda escribir durante horas hasta que la conciencia se canse y la mano se mueva por sí misma. Aunque esta teoría se acerca bastante a una técnica de chamán, no hay duda de que los escritores dependen de la fatiga de sus dedos: el devaneo mental llega cuando el cuerpo se encuentra adormecido.
Las nuevas tecnologías no han aliviado el sufrimiento manual de los autores. Hace un par de años me encontré al novelista norteamericano Francisco Goldman y me sorprendió verlo con una férula en el antebrazo. "Tengo la enfermedad de los tenistas", sonrió como si hubiera ganado Wimbledon y procedió a contar que después de jornadas maratónicas, el ratón lesiona el mismo nervio que se lastima por intentar un agónico passing shot.
A partir de esta anécdota podría pensarse que las computadoras sin ratón dañan menos. Nada de eso. Acabo de ver al escritor venezolano Alberto Barrera, autor de la novela La enfermedad, que se gana la vida reinventando el arte de la telenovela (Nada personal se encuentra entre sus créditos). "Tuve que matar un tigre", dice al enfrentar un encargo incómodo. Por su aspecto, uno pensaría que va de safari a puño limpio. Alberto tiene en la palma una herida idéntica a los estigmas de Cristo. Lo acababan de operar de una artritis producida por el exceso de trabajo en la lap top. La escritura castiga las manos tanto como el boxeo, pero no permite usar guantes.
 

El dedo de Fuentes, la muñeca de Goldman y la palma de Barrera me llevaron al libro Elogio de la mano, del historiador de arte francés Henri Focillon (editado por la UNAM en su colección Pequeños Grandes Ensayos). Tal vez por haber nacido en Dijon, capital de la mostaza, Focillon aprecia la artesanía de lo que se muele y aplica con cuidado. Sus estudios lo llevaron de la pintura a la mano que le sirve de instrumento. El ensayista vivió de 1881 a 1943, o sea que perteneció a una generación que aún dependía del trabajo manual. No es raro que encomie la relación del tacto con los utensilios: "Entre la mano y la herramienta comienza una amistad que no tendrá fin. La una comunica a la otra su calor de vida y la forma a perpetuidad. Como es nueva, la herramienta no está 'hecha'; es necesario que se establezca entre ella y los dedos que la sostienen ese acuerdo nacido de una posesión progresiva, de gestos ligeros y combinados, de hábitos mutuos y hasta de cierto deterioro". Lo que llamamos "progreso" fue la "posesión progresiva" de las herramientas hasta llegar a la tecnología virtual.
Aunque no hemos prescindido de la manualidad, la automatización ha restado importancia a las soluciones artesanales. Actualmente, lo "digital" alude menos a las huellas dactilares que a los dígitos de la informática. En su monumental proyecto El trabajo del hombre, el fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado se propuso, precisamente, retratar a los últimos exponentes de ciertas formas del trabajo manual.
Elogio de la mano vale por el texto de Focillon, pero también por el hermoso prólogo del poeta y traductor Hernán Bravo Varela. Nacido en 1979, Bravo Varela pertenece a una era donde la mano se utiliza para oprimir botones y activar espectros en las pantallas. Su elogio de la mano es, por tanto, un elogio de las sombras y del dibujo sutil -la escritura- que de ellas se deriva: "Mano y tacto, como cuerpo y sombra, han ido por la tierra dándole un fin a las cosas que encuentran a su paso, transformándolas en semejanza de su flexibilidad, ligereza y concreción. Sin la sombra, proyectada como un yo horizontal y sedentario a ras de suelo, nada nos recordaría nuestra mortalidad mientras caminamos una tarde soleada de domingo por el parque o, como suele decirse, 'prendemos la luz' de la sala o la cocina -qué cosa inútil y genial sería, por cierto, prender la luz que, de suyo, está prendida desde siempre-". Para Bravo Varela, las manos enriquecen el mundo por las representaciones que producen, comenzando, de modo elemental, con su propia sombra, el teatro de aves y conejos que podemos proyectar en cualquier muro. Los sistemas simbólicos prolongan la "flexibilidad, ligereza y concreción" de las manos.
La época ha otorgado una condición progresivamente virtual a las manos; transitamos de lo táctil a su figuración en las pantallas. No es casual que el iPhone anime imágenes -huellas de luz- con la más primitiva de las herramientas, el dedo. En este caso, los trazos de la mano ya están dentro del aparato y el usuario se limita a desplazarlos.
¿Por qué no dictamos para evitar lastimaduras? En otras tareas el trabajo manual se ha vuelto prescindible, no en la escritura. Al pasar un texto en limpio, el autor que pretendía hacer dos cambios hace veinte. El tacto produce ideas. Por más cerebral que sea la escritura, depende de un roce, el contacto con la pluma o el teclado, un requisito físico que proviene de algún bisabuelo genético, un antropoide encantado de usar el pulgar oponible. El poeta Gerardo Diego formuló así el acto de escribir, oficio a un tiempo manual y sideral: "Son sensibles al tacto las estrellas/ No sé escribir a máquina sin ellas".
Las manos lastimadas de los escritores vienen de tanto ensayar ese misterio. Deletrear el universo obliga a usar la única parte del cuerpo que incluye las cinco puntas de una estrella.